El libro de memorias

Trafalgar, como otros muchos episodios nacionales de Galdós, está escrito como un libro de memorias. Son muchos los libros de memorias que se han escrito. Algunos de los más conocidos son Confieso que he vivido de Pablo Neruda, La arboleda perdida de Rafael Alberti o Vivir para contarla de Gabriel García Márquez. En casi todos estos libros de memorias los capítulos que resultan más interesantes son los de la infancia y la adolescencia del autor. Así empieza el primero de ellos:

"Comenzaré por decir, sobre los días y años de mi infancia, que mi único personaje inolvidable fue la lluvia. La gran lluvia austral que cae como una catarata del Polo, desde los cielos del Cabo de Hornos hasta la frontera. En esta frontera, o Far West de mi patria, nací a la vida, a la tierra, a la poesía y a la lluvia.
Por mucho que he caminado me parece que se ha perdido ese arte de llover que se ejercía como un poder terrible y sutil en mi Auracanía natal. Llovía meses enteros, años enteros. La lluvia caía en hilos como largas agujas de vidrio que se rompían en los techos, o llegaban en olas transparentes contra las ventanas, y cada casa era una nave que difícilmente llegaba a puerto en aquel océano de invierno."

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